Y entonces, toca vivir.

Llega un momento en que la suma de tantas decepciones no dan cabida para ningún sentimiento adicional; y entonces, toca vivir.

Caes en la cuenta que debes levantarte por tus propios medios; sacar fuerzas de las frustraciones, curarte las heridas y seguir adelante. Toca reconocer los errores, asumir las consecuencias y enmendar el daño.

Pero más allá de todo eso, toca blindarse. No se le puede permitir a nadie más que haga un estropajo de los sentimientos de uno; mejor aún, es mejor no permitir que despierten sentimientos. Te debes tornar en algo un poco mecánico e insensible, pero en el fondo, es necesario para poder al menos sobrevivir.

Puede que la cosas mejoren, pero ahora es momento de recuperarse, de sanar, de recobrar fuerzas, de dejar de alimentar esperanzas, de ser realista y cambiar el método, sin perder de vista la meta.

Cada día traerá consigo sus propias preocupaciones y sus propios afanes. No sirve de nada mortificarse por lo que ya pasó y menos aún, angustiarse por lo que vendrá.

Toca resistir. Toca sobresalir. Pero sobre todo, toca vivir.

“semper et deinceps”

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